NO LLEGAMOS TODAS, LOS AGRESORES VIENEN ACOMPAÑADOS.

El cinísmo en toda la expresión, la traición sin absolutamente ningún remordimiento, mujeres apuñalándonos cara cara, haciendo barricada para proteger a un violentador, un Estado que exige pruebas a víctimas hasta dejarlas sin nada.

No llegamos todas porque a las víctimas se les quita todo, la dignidad, la credibilidad y el acompañamiento, mientras los agresores “no están solos”. Qué asco. Qué rabia. Qué país. Lo que ocurrió con Cuauhtémoc Blanco no es una excepción, es una regla disfrazada de escándalo mediático. Se trata del uso del fuero como escudo, como premio por callar, por jugar con los poderes y sostener pactos de impunidad.

Porque en México no solo se protege al violador: se le aplaude, se le da una curul, se le consuela. Y uando las mujeres alzan la voz, se les culpa de hablar demasiado tarde, de no haber tenido pruebas, de no haberse defendido “a tiempo”. Pero, ¿cómo se defiende una víctima cuando el Estado se sienta a la mesa con su agresor? ¿Cómo exige justicia una mujer violentada cuando la impunidad lleva
corbata y se pasea entre curules? Cuauhtémoc Blanco
, figura pública, exfutbolista, político improvisado, ahora es también un símbolo de cómo el poder puede ser refugio de cobardes. De cómo el fuero es utilizado no para proteger la función pública, sino para encubrir la violencia privada.

La que se esconde en habitaciones cerradas, en oficinas de gobierno, en mensajes borrados y carpetas archivadas.

Y lo más indignante: ver a otras mujeres alzando el brazo por él, blindándolo desde sus privilegios, traicionando la lucha feminista que les abrió las puertas del poder que hoy usan para pisotear a otras.

EL FUERO ES EL ESCUDO DE LOS COBARDES
Primero se recibió una negativa por parte del Congreso de Morelos a retirarle el fuero, a pesar de la solicitud de la Fiscalía que inició un proceso formal, ¿cuál era el miedo de investigar a profundidad?

Luego las diputadas que votaron en contra del desafuero con argumentos tibios, evasivos y profundamente insensibles, alegando tecnicismos burocráticos de prudencia y defendiendo no manchar las carreras políticas, ¿qué pasa con las vidas de las víctimas, dónde está su prudencia con las víctimas?
La víctima denunció bajo el anonimato, como muchas víctimas lo hacen, temerosas de represalias y de enfrentarse al poder se sus victimarios. Y en lugar de protegerla, se ha intentado desacreditarla, filtrando detalles, minimizando sus dichos, desestimando su testimonio con la excusa de que “no hay pruebas suficientes”.

Si seguimos con bajezas, hay que hablar del oportunismo electoral, Cuauhtémoc Blanco busca una diputación federal, un nuevo fuero, una nueva trinchera para esquivar la justicia. No quiere inmunidad por responsabilidad pública, la quiere para huir.

Y a todo esto, claro que no está solo. El silencio del partido que lo impulsa es abrumador. Morena, el partido que enarboló la bandera de los derechos humanos, guarda silencio frente a una denuncia que tendría que significar el fin de la carrera política de cualquier hombre. Pero cuando hay votos de por medio, se puede callar lo que sea.

EL ESTADO ES CÓMPLICE
Mientras se exige que las víctimas entreguen pruebas imposibles, videos, testigos, fechas exactas de su dolor, a los agresores se les respeta el beneficio de la duda, la presunción de inocencia, y se les permite seguir legislando, gobernando, decidiendo sobre nuestras vidas.

Hoy Cuauhtémoc Blanco está protegido. Mañana, tal vez, otro igual. Mientras tanto, las víctimas siguen esperando que el Estado que les falló, algún día, se atreva a nombrarlas, a creerles, a repararles.
Nosotras no olvidamos. No perdonamos. Y no vamos a parar.

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Areli Regain
Columnista

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