A punta de decretos.

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Por Ericka Cerdas

Donald Trump pasó dos años gobernando sin pedirle casi nada al Congreso. Impuso aranceles mediante decretos de emergencia, abrió en febrero una guerra contra Irán sin autorización legislativa y reasignó fondos federales por vía administrativa. Ese esquema sigue en pie esta mañana, porque las elecciones del martes cambiaron la composición del Capitolio y no las facultades que el presidente viene ejerciendo. La mayoría demócrata que jura en enero recibirá el presupuesto, la confirmación de nombramientos y la facultad de investigar, aunque legislar le resulte casi imposible, ya que revertir un veto exige dos tercios que no reúne.

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Trump casi no necesita al Capitolio para gobernar como lo viene haciendo. Firma una orden por la mañana y sube un arancel, mantiene aviones sobre Irán, acelera deportaciones, cierra acuerdos que no pasan por el Senado. Todo eso seguirá intacto en enero, y un presidente que pierde el terreno legislativo termina firmando más decretos, porque son de las pocas herramientas que le quedan. Hasta el martes esa vía convivía con un Congreso que le aprobaba todo. Desde enero es lo único que le queda, y el próximo presidente puede revocar con una firma todo lo que haga.

El 20 de febrero la Corte Suprema resolvió, por seis votos contra tres, que el presidente carecía de autoridad para imponer aranceles bajo la ley de poderes económicos de emergencia, porque un arancel funciona como un impuesto y la Constitución entregó esa facultad al Congreso. Trump activó ese mismo día la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974 y sostuvo con ella un arancel general del 10%. Esa norma vence a los 150 días y obliga a volver al Congreso, que desde enero controlan los demócratas, y ellos ya avisaron que van por esos aranceles en sus primeras cien horas de mayoría.

La Constitución le dio al Congreso el poder de cobrar impuestos, aranceles incluidos, y desde 1934 los legisladores se lo fueron pasando al presidente sin pedirlo de vuelta. Ahora les toca votarlo a ellos. Hasta este año los gobiernos de la región arreglaban sus aranceles en la Casa Blanca, con un presidente que decidía solo. El próximo acuerdo necesita además una mayoría en el Capitolio, que negocia más despacio y pide más a cambio.

En septiembre la resolución que ordenaba sacar las tropas de Irán perdió por un voto, 49 contra 50, y llegó tan cerca porque cuatro republicanos votaron con los demócratas contra su propio presidente. Para entonces apenas el 26% aprobaba el manejo presidencial de la guerra y el Pentágono ya contaba 47,100 millones de dólares gastados. Con 54 senadores, los demócratas repiten esa votación y la ganan. Ganarla igual no cambia mucho. Trump veta la resolución y el Senado necesita 67 votos para imponerse sobre ese veto, trece más de los que tienen los demócratas. La única vía que detiene una guerra es negarle los fondos al Pentágono con las tropas todavía desplegadas, y pocos legisladores quieren votar eso.

El control político termina en el mismo punto. Un comité puede citar a cualquier funcionario, y si no se presenta el caso pasa al Departamento de Justicia, donde manda la gente que nombró Trump. En el primer mandato esos casos terminaron en litigios más largos que las audiencias. Al Congreso le queda el presupuesto, donde puede escribir condiciones en cada partida, aunque después de dos años viendo a la Casa Blanca mover fondos sin pedir permiso, pocos apuestan a que se respeten.

Los hispanos votaron demócrata el súper martes, 69% contra 30%. Hace dos años ese mismo grupo le había dado a Trump su mejor resultado en décadas, y entre una elección y otra se movieron 28 puntos. Mientras tanto se encareció la comida y subió la gasolina. Hace dos años eso lo pagó Biden en las urnas, y esta vez lo pagó el partido de Trump.

Los demócratas ganaron prometiendo bajar precios, y eso no depende del Congreso. Las tasas las fija la Reserva Federal, los aranceles los firma Trump y cualquier ley que aprueben se la vetarán. Les esperan dos años de explicar por qué la comida y la gasolina no bajan. Si en 2028 sigue igual, el mismo votante que los eligió el pasado martes va a hacer con ellos lo que acaba de hacer con Trump.

Ericka Cerdas
Columnista
Ericka Cerdas es Internacionalista con especialidad en Sinología por Nankai University China y Maestra en Gestión Pública Aplicada por el Tecnológico de Monterrey. Analiza tendencias globales y su impacto en América Latina. Sus columnas exploran políticas públicas, modelos de gobernanza y la agenda global desde una perspectiva crítica y estratégica.

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