Colombia 2026: la elección que puede redefinir el mapa político latinoamericano.

Lina María Ortíz

Por Lina María Ortíz

Mientras una gran parte de América Latina parece girar nuevamente hacia la derecha, Colombia se prepara para unas elecciones presidenciales que podrían romper la tendencia regional y marcar un hecho histórico, la posibilidad de que un proyecto político de izquierda consiga mantenerse en el poder por segundo periodo consecutivo.

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Lo anterior no se puede ignorar en un continente acostumbrado a la polarización ideológica, donde los gobiernos suelen ser reemplazados más por castigo electoral que por continuidad programática, lo que ocurra en Colombia en 2026 tendrá repercusiones mucho más allá del país.

El nombre de Iván Cepeda se está consolidando como una de las figuras con mayor favorabilidad dentro del espectro electoral. Más allá de simpatías o rechazos, su crecimiento en distintas encuestas revela algo más profundo, la izquierda colombiana ya no parece ser una anomalía política temporal, sino una fuerza con capacidad real de permanencia.

Los sondeos más recientes ubican a Iván Cepeda como el candidato con mayor intención de voto de cara a la primera vuelta presidencial. Una medición de Invamer para Caracol y Blu Radio le otorgó un 44,3 % de intención de voto, seguido por Abelardo de la Espriella con 21,5 % y Paloma Valencia con 19,8 %.

Todo esto en medio de fuertes cuestionamientos sobre seguridad, gobernabilidad y resultados económicos del actual gobierno, factores que también alimentan el crecimiento de sectores conservadores y exponen una campaña que ha estado profundamente polarizada.

Ese dato cambia el tablero continental.

Durante los últimos años América Latina ha dado señales de reconfiguración ideológica. Argentina dio un giro radical con el ascenso de la derecha libertaria, Ecuador endureció su discurso de seguridad, en Chile el desgaste del progresismo abrió espacio a sectores más conservadores, y en otros países el debate público volvió a inclinarse hacia agendas de orden, seguridad y control migratorio.

Por esto, Colombia aparece como una pieza estratégica. No solamente por su peso geopolítico en Sudamérica o por su histórica cercanía con los Estados Unidos, sino porque durante décadas fue vista como una de las principales fuerzas conservadoras del continente. La posibilidad de una continuidad progresista convierte hoy a Colombia en uno de los escenarios políticos más observados de América Latina.

Las discusiones sobre seguridad, narcotráfico, desigualdad, gobernabilidad y polarización política han dejado de ser asuntos exclusivamente nacionales en América Latina. Hoy forman parte de una conversación regional compartida, especialmente en países donde la relación con Estados Unidos sigue condicionando buena parte de la agenda pública y económica.

El fenómeno alrededor de Iván Cepeda también refleja otra transformación, la izquierda colombiana dejó de ser una fuerza solamente contestataria, para convertirse en una estructura con tendencia de continuidad. Eso explica por qué la elección de 2026 ha generado tanta tensión incluso desde antes. Ya no se trata únicamente de la disputa tradicional entre derecha e izquierda, se trata de definir si el llamado “giro progresista” colombiano fue un episodio transitorio o el inicio de una nueva etapa política.

Porque en tiempos donde América Latina vuelve a configurar sus equilibrios políticos, Colombia no solo elegirá presidente en 2026, sino que, también podría marcar el rumbo del nuevo tablero ideológico regional.

Lina María Ortíz
Columnista
Lina Maria Ortiz Tibaduiza, es una politóloga e internacionalista colombiana. Investigadora en políticas públicas con enfoque de Derechos Humanos.

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