Por Luis Ángel Solano Guatimea
Hay algo profundamente humano en reunirse al aire libre, bajo la sombra de un árbol, viendo correr a los niños o compartiendo una banca con un vecino. En esos espacios comunes, nuestros parques, ocurre algo más que solo esparcimiento: ocurre comunidad.
Un parque bien cuidado no es solo pasto y juegos. Es un espacio donde conviven diferentes generaciones, nacen amistades y se fortalecen lazos entre vecinos. Es símbolo de una colonia viva, activa, que cree en el valor de lo que se construye entre todos.
En Culiacán, para muchas familias, salir al parque ha dejado de ser una opción viable. A veces por nuestra realidad actual, otras por la falta de mantenimiento que estos espacios están necesitando. Eso ha provocado que muchas personas opten por permanecer en casa, y el espacio público se vaya quedando en silencio. Pero desde ahí también puede comenzar una reactivación social e integral.
Por eso vale la pena volver a hablar de los parques. Porque cuando están vivos, lo están también las comunidades. Son espacios que nos permiten respirar, convivir y reconocernos. Y aunque hoy parezcan lejanos para algunos, debemos trabajar para que pronto vuelvan a ser lugares de encuentro, seguridad y alegría compartida.

En Culiacán, la asociación Parques Alegres ha acompañado a más de 600 comunidades en la mejora de sus espacios. Lo hacen a través de comités vecinales que se organizan, rehabilitan su entorno, y convierten el parque en un punto de cultura, deporte, salud y encuentro ciudadano.
Y los beneficios de estos espacios van más allá de lo visible. Según la Organización Mundial de la Salud, el acceso a áreas verdes mejora la salud física, reduce los niveles de ansiedad; y fortalece el tejido social. Además, los parques pueden ser herramientas efectivas de prevención; donde hay comunidad activa, hay menos abandono.
Si bien recuperar un parque no es la solución a todos los conflictos que enfrentamos día a día, sin duda alguna es el inicio hacia un mejor Culiacán.
Porque cuando recuperamos el espacio público, también nos recuperamos entre nosotros. Y cuando una comunidad se une para cuidar lo que es de todos, da un paso —tal vez pequeño, pero profundo— hacia un presente más habitable y un futuro más esperanzador.

