Por: Miroslava Escobedo Leyva
La relación de México y los ferrocarriles se remonta a 1837, con la construcción de la primera línea ferroviaria que pretendía enlazar la Ciudad de México con el Puerto de Veracruz, que hasta 1873 conseguiría llegar al Puerto conectando cientos de kilómetros.
Desde entonces el ferrocarril tomaría una relevancia en todo el país como un medio de transporte de carga y de personas, siendo un sector dominante en la infraestructura y desarrollo del país. Sin embargo, en1995 el Presidente Ernesto Zedillo decide privatizar Ferrocarriles Nacionales de México y a partir del 2001 con la desaparición de este organismo, prácticamente desaparece el transporte ferroviario de pasajeros.
Durante décadas, el ferrocarril fue sinónimo de abandono, rezago y oportunidad perdida. En una visión de país que apostó casi en su totalidad al transporte carretero, las vías férreas quedaron relegadas a un segundo plano, afectando no sólo la movilidad sino la conectividad, y desarrollo económico.
Ahora, con la reforma en materia ferroviaria recién aprobada por el Congreso de la Unión, el país parece dispuesto a saldar una deuda histórica. No es únicamente una cuestión técnica, se trata de una decisión política para recuperar un sistema clave para reducir desigualdades, fortalecer la soberanía y rectoría del Estado, así como la modernización del país.
Entre los aspectos más importantes, se resalta la creación de un órgano descentralizado especializado, la Agencia de Trenes y Transporte Público Integrado con el fin de coordinar y regular los proyectos ferroviarios. La misma reforma fortalece la rectoría y soberanía del Estado como garante del interés público y de los bienes nacionales.

Esta creación legislativa, es una apuesta visionaria para redefinir el modelo ferroviario, y el México que conocemos hacia uno más y mejor conectado, es un acto de justicia histórica y de inteligencia, que impulsa el uso del ferrocarril pero que sobre todo prioriza el transporte de pasajeros acercando a las regiones más alejadas, cerrando brechas sociales, conectando personas, regiones y que democratiza la movilidad.
Cierta estoy, que México cuenta con los elementos suficientes para colocarse en la industria ferroviaria mundial como un referente importante, abrir el mercado de forma controlada y gradual a diferentes operadores, que revitalicen la actividad hasta hacerla competitiva. Y, por otro lado, ser una conexión permanente para los usuarios del transporte público de pasajeros, permitiéndoles desplazarse con mayor velocidad, facilidad y accesibilidad hacia las zonas más remotas, lo que incluso representa un ejercicio pleno de derechos humanos.
Una serie de elementos y personas que se conjuntaron en el momento preciso. Es claro, que impulsar el transporte de pasajeros no es nostalgia, es estrategia; una oportunidad ideal para corregir errores del pasado, definir nuevos objetivos, dirigir la mirada hacia la edificación de un México eficiente, seguro, inclusivo, digno y que circule por rieles firmes con dirección segura a un mejor futuro.
Lo único que queda es desear lo mejor al México sobre rieles en vía de transformación …


