El Verdadero Viaje: Convivir, Conectar y Crecer en Familia

Opinión por Diana Sugey Mendoza

Estamos en las muy conocidas y esperadas vacaciones de Semana Santa. Durante estos días, muchas personas religiosas asisten a misas especiales, participan en procesiones como el Viacrucis, practican el ayuno y la abstinencia de carne roja los viernes, y preparan platillos tradicionales como pescado empanizado, capirotada o mariscos.

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Sin embargo, tanto para las personas creyentes como para quienes no lo son, estas fechas suelen representar una oportunidad para descansar y viajar. Como su nombre lo indica, muchas familias aprovechan estos días para vacacionar, reunirse y disfrutar del tiempo libre. En lugares como Mazatlán, Altata o Las Glorias, las playas se llenan de visitantes y el ambiente se vuelve festivo, con música, comida y convivencia.

Vacacionar en familia fomenta la interacción entre sus miembros, algo especialmente valioso en una época en la que las múltiples ocupaciones diarias dejan poco espacio para compartir. No obstante, es importante estar conscientes de cómo aprovechamos ese tiempo juntos. A veces, aun estando presentes, las personas se enfocan más en el teléfono celular que en la convivencia, lo que obstaculiza la comunicación y debilita los lazos familiares sin que se perciba de inmediato.

Viajar en familia implica compartir espacios durante varios días, e incluso desde la planeación se comienza a convivir. Pasar tantas horas juntos puede generar fricciones o desacuerdos, especialmente si no estamos acostumbrados a una convivencia tan cercana. Sin embargo, estas situaciones también ofrecen la oportunidad de aprender a resolver conflictos, practicar la empatía, negociar y reconciliarse.

Estar juntos implica mucho más que solo compartir el mismo espacio; significa conocerse mejor, tolerarse, aceptarse y llegar a acuerdos sobre a dónde ir, qué actividades realizar, o cuándo partir y regresar. Todo esto contribuye, de manera directa o indirecta, al desarrollo de habilidades sociales, al fortalecimiento de los vínculos familiares y, en algunos casos, también a la identificación de relaciones que requieren atención o cambio.

La convivencia familiar durante estos días no solo promueve momentos agradables y memorables, sino que también desempeña un papel fundamental en el bienestar emocional, psicológico y social. Compartir experiencias fortalece el sentido de pertenencia, reduce el estrés, mejora la autoestima y permite construir relaciones más sólidas y saludables. Por ello, más allá del descanso o el destino, lo verdaderamente valioso de estas vacaciones es el tiempo de calidad que se comparte con quienes queremos.

Sugey Mendoza
Columnista
La Maestra Diana Sugey Mendoza Cital es Licenciada en Psicología y se ha desempeñado con gran compromiso en distintos ámbitos de la formación, atención y reflexión psicológica. Actualmente, coordina el área de Psicología en la Unidad de Bienestar Universitario de la Universidad Autónoma de Sinaloa. Es también docente en la Facultad de Psicología. Cuenta con una sólida formación académica complementada con diplomados en Psicología Clínica, Psuiquiatria y salud Mental y Actualización en Docencia. Su formación de posgrado incluye una Maestría en Investigación Educativa. Ha colaborado en libros como títulados "Des-centramientos sobre la panadería desde la postpandemia" e "Interdisciplinariedad en educación". Y autora del libro Efectos de la ausencia del padre en la singularidad de la infancia.

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