Opinión por Sofía González Torres
Este 10 de abril, la Cámara de Diputados aprobó, con 343 votos a favor, el Plan Nacional de Desarrollo 2025-2030 (PND) presentado por la presidenta Claudia Sheinbaum. Más que un documento técnico, este Plan representa una ruta colectiva hacia un país donde el bienestar sea el centro de todas las decisiones públicas.
El PND no se construyó desde el escritorio. Su contenido refleja las voces de más de 50 mil personas que participaron en 57 foros nacionales y enviaron propuestas a través de la plataforma digital Planeando Juntos. Es un ejercicio auténtico de democracia participativa, en el que las prioridades de la ciudadanía quedaron plasmadas como guía para los próximos seis años.

“Un país debe medirse no solamente por cuánto aumenta el Producto Interno Bruto, sino cómo se distribuyen los recursos, cuánto ganan sus ciudadanos, y a qué derechos tienen acceso”, ha dicho la presidenta Sheinbaum. Y eso es precisamente lo que plantea el PND: un desarrollo que se traduzca en bienestar para todas y todos.
Derechos, no privilegios
El Plan Nacional de Desarrollo parte de una convicción clara: la salud, la educación, la vivienda y los cuidados no son concesiones del Estado, sino derechos garantizados. Por ello, el documento está estructurado sobre cuatro ejes fundamentales:
- Gobernanza democrática, para consolidar instituciones eficaces, cercanas y con vocación de servicio público.
- Bienestar, como núcleo de toda política pública.
- Economía moral, que prioriza el interés social por encima de la especulación.
- Sustentabilidad, para proteger el territorio y los recursos naturales con una visión de largo plazo.
A estos se suman tres ejes transversales que permiten atender desigualdades históricas y preparar al país para el futuro: igualdad sustantiva, innovación tecnológica y reconocimiento de los derechos de pueblos indígenas y afromexicanos.
Una visión con respaldo internacional
El enfoque de bienestar que plantea el Plan ha encontrado eco a nivel internacional. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) ha establecido un acuerdo con el Gobierno de México para acompañar su implementación con financiamiento, asistencia técnica y generación de conocimiento.
Este acompañamiento se traducirá en acciones concretas como:
- Apoyo a proyectos de agua y saneamiento, con una visión de equidad y sostenibilidad.
- Promoción del acceso a energías limpias, especialmente en zonas históricamente rezagadas.
- Impulso al Sistema Nacional de Cuidados, para atender a niñas, niños, personas mayores y con discapacidad, y reconocer el trabajo de quienes cuidan como un componente esencial del desarrollo. Esta colaboración se articulará con la iniciativa “BID Cuida”, que busca mejorar la infraestructura social y generar empleos formales en este sector.
La continuidad de una visión social
Este Plan recoge y profundiza los valores que dieron origen a la Cuarta Transformación: la justicia social, la distribución equitativa de la riqueza, y el desarrollo con ética y responsabilidad. En lugar de comenzar de cero, da continuidad a una transformación que ha sentado las bases para un país más justo e incluyente.
La aprobación por amplia mayoría en la Cámara de Diputados no solo respalda una política de Estado, sino una visión compartida de país, donde el crecimiento económico deje de ser un fin en sí mismo y se convierta en un medio para garantizar una vida digna para todas las personas.
El bienestar como horizonte
El Plan Nacional de Desarrollo 2025-2030 no ofrece recetas rápidas ni promesas grandilocuentes. Lo que plantea es algo más valioso: un horizonte compartido, construido con las voces del pueblo y con los principios de justicia, equidad y dignidad.
Con esta hoja de ruta, México se perfila hacia una etapa de madurez institucional y compromiso social, donde cada política, cada inversión y cada acción de gobierno tenga como meta final una sola palabra: bienestar.

