Conflicto Irán-Israel: De guerra híbrida a frente proxy EEUU-China.

Por Carlos Alberto Paredes Villegas

La que por mucho tiempo fue una guerra subrepticia entre Irán e Israel mediante grupos proxy, ciberataques, sanciones, y el contencioso nuclear iraní, hoy se convierte en una guerra directa. El que este conflicto surja en estos momentos no es súbito como pareciera en un inicio, sino que debe leerse en clave de importantes eventos simultáneos a nivel internacional. El timing resulta fundamental para comprender el panorama completo, y entender que el ataque perpetrado por Israel el 12 de junio atiende a objetivos locales, regionales e incluso globales, por lo que en este artículo se examinarán dichos objetivos y sus implicaciones.

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Nueva guerra desatada por Israel

El ataque lanzado por Israel contra Irán denominado Operación “León Ascendente”, a pocos días de la sexta ronda de negociaciones entre Washington y Teherán sobre el programa nuclear de la nación Persa, constó del uso de drones kamikaze y bombardeos con aviones F-16 y F-35 que tuvieron por objetivo distintas plantas nucleares iraníes, así como a altos mandos militares, destacando el comandante en jefe del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria de Irán Hossein Salami y como lo suele hacer Israel, también asesinando a población civil.

Debe resaltarse que el ataque se había planeado con al menos seis meses de antelación de acuerdo con Al Jazeera, un tiempo que corresponde a inicios de año y la cual sería una fecha cercana a la ejecución de la Operación Verdadera Promesa II el 1 de octubre de 2024 como represalia por el asesinato de Hassan Nasrallah y del comandante del CGRI Abbas Nilforoushan a manos de la inteligencia israelí. Por lo anterior, cabe la posibilidad que desde entonces, Israel haya estado planeando esta operación.

¿Por qué se da el ataque?

Bajo el pretexto de evitar que Irán desarrolle bombas nucleares (aunque “Israel carece de la capacidad de destruir el programa [nuclear iraní], especialmente si intenta llevar a cabo un ataque de ese tipo por sí solo“), el Estado Judío buscó promover un cambio de régimen en la república islámica, siendo uno de los mayores anhelos de Netanyahu y para lo cual Estados Unidos tiene una marioneta preparada desde hace tiempo, el exiliado “príncipe” Reza Pahlavi.

El mismo día de este ataque infundado, Netanyahu en un discurso grabado trató de persuadir a la nación iraní de levantarse contra su gobierno, pensando que bombardear a civiles y a su aparato militar convencería a las personas a iniciar manifestaciones, lo que demuestra un profundo desconocimiento sobre la cosmovisión persa, que lejos de acatar sus llamados, robusteció su sentido nacionalista y de soberanía, lo que en la práctica terminó por cerrar la mayor vulnerabilidad de la República Islámica, entiéndase su inestabilidad política derivada de una mayoría importante que se opone a sus políticas teocráticas inflexibles.

En este sentido, Israel no esperaba un rápido recuperamiento de la parálisis inicial de Irán, quien luego de capturar a cientos de agentes que trabajaban para el Mossad ensamblando drones desde edificios iraníes y que sabotearon los sistemas de defensa, y 18 horas después de haber iniciado el ataque sionista – que se jactó de controlar los cielos de Teherán -, pasó rápidamente a una contraofensiva que denominó Operación Castigo Severo, considerada a su vez la ejecución de la Operación Verdadera Promesa III, con múltiples oleadas de 100 misiles que golpearon Tel Aviv, Jerusalén, Haifa y demás regiones importantes israelíes, sobresaturando sus sistemas de defensa aérea desde el Domo de Hierro hasta la Lanza de David, dejando a su gobierno y aparato militar en estado de shock. Desde entonces, tanto los ataques de Irán como los de Israel apuntan a infraestructura nuclear, plantas de energía, centros de inteligencia (incluidas instalaciones del Mossad), refinerías, fábricas militares, y también infraestructura financiera y civil, sin dejar de mencionar un posible hackeo a la Cúpula de Hierro y el bombardeo al Instituto Weissman.

Debe señalarse que la Operación León Ascendente recuerda mucho no solo el modus operandi de la Operación Telaraña con la cual Ucrania infiltró drones a Rusia y la atacó desde dentro, sino que utilizó la misma estrategia de asesinar a su alto mando como lo hizo con Hezbolá, que terminó por mermar sus capacidades considerablemente gracias a software de ciberespionaje basado en IA que le permitió ejecutar asesinatos precisos. Ahora Irán lanza un comunicado acusando a Meta de filtrar información de la localización de su población al Mossad (lo que explicaría los rápidos asesinatos de precisión milimétrica de su cúpula militar) a la par que Musk abre su servicio de Starlink en este país.

¿Por qué se da ahora esta guerra? Razones de una escalada planificada

La posibilidad de una guerra entre Irán e Israel estuvo latente desde la culminación de Verdadera Promesa II y los asesinatos selectivos contra líderes de Hezbolá, Hamas, así como el derrumbe de las Fuerzas de Defensa Nacional de Siria tras la llegada de HTS (rama de ISIS) al gobierno de Damasco. La verdadera pregunta fue siempre el cuándo sucedería. Deben comprenderse entonces diversos eventos que en diferente medida provocaron que esta guerra se desatara en estos momentos, no antes ni después.

A nivel interno, Netanyahu sobrevivía a un importante intento de disolución del Parlamento realizado en la mañana del día del inicio del ataque. Al Jazzera señala al respecto que “En medio de la campaña genocida en Gaza, Netanyahu es muy consciente de que su gobierno se está quedando sin opciones. La comunidad internacional, así como sus aliados regionales, han comenzado a criticar abiertamente a Israel. Algunos también se han estado preparando para implementar medidas unilaterales, como el reconocimiento masivo de un Estado palestino […]. No cabe duda de que Netanyahu planeó el ataque contra Irán durante años, esperando el momento oportuno. Este llegó el viernes. Es un intento desesperado por unir al mundo en apoyo a Israel, justo cuando se hacen preparativos para negarle la impunidad absoluta de la que ha disfrutado desde su creación”. En pocas palabras, Netanyahu estuvo siempre dispuesto a recurrir a cualquier atrocidad incluso contra su propio pueblo con tal de no pisar la cárcel por sus acusaciones de corrupción.

A nivel externo, debe apreciarse la adhesión de Irán a los BRICS+, y la amenaza que esto supone para romper por completo los cercos económicos impuestos por occidente a los miembros de este bloque. En julio de 2024 se terminaba de construir el corredor económico China-Irán que conecta ambas naciones por vía terrestre mediante Asia Central. En este sentido, el pasado 25 de mayo (3 semanas antes del ataque) se inauguraba una nueva ruta ferroviaria de este proyecto con diversos cargamentos de China llegando en tiempo récord a Irán. A su vez, debe considerarse la complementariedad que tiene con el Corredor Internacional de Transporte Norte-Sur (INSTC por sus siglas en inglés), una red ferroviaria que recorre ciudades importantes desde Mumbai hasta San Petersburgo, y de la que Irán también forma parte. Ambos corredores representan una sólida alternativa que evita el paso por rutas marítimas tradicionales como el estrecho de Ormuz y de Bab el-Mandeb, eludiendo sanciones así como activos militares estadounidenses en la región. Este nuevo enlace ferroviario estaba a punto de convertir a Teherán en un importante nodo de la cooperación e integración geoeconómica euroasiática, lo que habría provocado que todos los esfuerzos estadounidenses e israelíes por aislar a Irán se desvanecieran de la noche a la mañana, un escenario que ni Washington ni Jerusalén (muy discutible estado de la capital de Israel) podían permitir.

Implicaciones internacionales

En la práctica, además de los corredores económicos ya mencionados, la actual guerra también obstaculiza que la Iniciativa de la Franja y la Ruta se continúe extendiendo, por lo cual debe apreciarse que en el contexto internacional, el ataque no fue solo para frenar la integración de Teherán al bloque euroasiático, sino para obstaculizar la misma integración euroasiática. Este es un punto que puede apreciarse si se consideran tres de los conflictos actuales más importantes: La invasión de Rusia a Ucrania (que representa una guerra indirecta contra la OTAN), el conflicto entre India y Pakistán (que a pesar del cese al fuego no ha quedado resuelto, y que puede volver a estallar para obstruir el proyecto de los BRICS+) y la guerra Irán-Israel aquí expuesta. En suma, el panorama general indica que nos encontramos ante una guerra desatada por la OTAN y sus aliados contra los BRICS+ mediante proxies.

Lo que parece la consolidación (más que el inicio) de la Tercera Guerra Mundial, es descrita por Jalife como la Primera Guerra Híbrida Mundial, y por Pepe Escobar como la primera guerra de los BRICS, aduciendo que Irán se convierte ahora en la primera línea de defensa. No es para menos, ya que en la guerra desatada contra Irán muchos países que no siguen los designios de Washington ven su destino, y es por ello que desde Pakistán hasta Corea del Norte han expresado su apoyo a la nación persa, a sabiendas de que ellos pueden ser los siguientes en donde se intente aplicar un cambio de régimen.

Tanto Rusia como China entienden bien eso. Sin embargo la participación rusa se perfila como limitada en este conflicto debido a que está escalando su guerra contra Ucrania, la cual parece estar cada vez más cerca de convertirse en una guerra directa contra la OTAN. Más allá de sus intenciones de mediar entre ambas partes, no hay indicios de que el Kremlin quiera dos frentes abiertos por ahora.

China por su parte se nota más preocupada por el conflicto, ya que es a quien afecta más. De hecho, ya ha mostrado su apoyo enviando vuelos de carga hacia la República Islámica con contenido que no se ha dado a conocer, pero que puede tratarse de equipamiento militar y armamento. Si lo hace, es porque comprende que la afrenta israelí está cortando las arterias económicas de su proyecto de liderazgo global, y apunta a su talón de aquiles que son los hidrocarburos ya que el 10% de las importaciones de petróleo de Beijing provienen de Irán. De la misma forma, si China tratase de mantenerse apartada de la defensa de Irán, le sucedería lo mismo que a Teherán con su doctrina de Contención Estratégica, la cual permitió a Israel desmantelar significativamente al Eje de la Resistencia para luego iniciar su ataque contra Irán.

Como paréntesis, cabe recordar que la caída de Siria a manos de HTS, organización terrorista respaldada, financiada y entrenada por Estados Unidos, Israel y Turquía, trastocó la correlación de fuerzas en Medio Oriente, ya que impusieron un gobierno títere afín a Israel, lo que queda claro con la autorización que al-Sharaa concedió a Israel para que utilice su espacio aéreo para atacar a irán y para reabastecer con combustible a sus cazas. Con la llegada de HTS al gobierno sirio, Israel consiguió a su vez eliminar no solo la influencia iraní en la zona, sino también la rusa pese a que contaba con dos bases militares. Siria representaba también un importante punto de tránsito mediante el cual Irán brindaba apoyo armamentístico a Hezbolá. Por tanto, en este país puede observarse un destino similar al que quieren para Irán. Lo que por mucho tiempo fue una compleja guerra híbrida entre potencias al interior de Siria ahora se expande a la totalidad de Medio Oriente.

Así, en un escenario a futuro, Irán bien puede convertirse en la Siria de China, lo que ampliaría la presencia de Estados Unidos, sus aliados y sus proxies, a territorios cada vez más cerca del gigante asiático. Hasta cierto punto sería un escenario similar a la expansión de la OTAN hasta fronteras rusas que pone en grave peligro su seguridad nacional, lo que terminó siendo una de las causas de la invasión de Ucrania.

El papel de Estados Unidos en el conflicto

A todo esto cabe preguntarse, ¿por qué Estados Unidos no ha intervenido en esta guerra? Y para responder a ello cabe recordar que desde administraciones anteriores, la Casa Blanca ha aconsejado a Israel no llevar a cabo esta operación. Estados Unidos sabe bien lo que es quedar empantanado en Medio Oriente con sus invasiones en Irak y Afganistán, donde después de más de 20 años tuvo que retirarse de forma humillante al haber perdido de vista sus objetivos en esa misión. Lo mismo le está pasando con Yemen, donde a pesar de sus numerosos y masivos bombardeos perpetrados contra Ansarolá, no ha logrado abatir a esta organización, ni imponer una presencia sólida en el Mar Rojo para permitir el pase de embarcaciones dirigidas hacia Israel.

Estados Unidos está muy consciente que Irán puede convertirse en la tumba de su imperio, y a pesar de ello, es poco probable que abandone a su principal aliado en la región. El retraso en su respuesta puede ser un indicador de la falta de un plan adecuado para atacar a la nación persa sin que las consecuencias le resulten devastadoras, lo cual es imposible. También puede significar duda e incertidumbre en Trump sobre si unirse o no a los ataques de Israel debido a que gran parte de su base electoral rechaza la idea de una nueva guerra en Medio Oriente. Por otra parte, si por voluntad propia Trump no acude a defender a un país que ha demostrado no poder valerse militarmente por sí mismo, puede enfrentarse a una revolución de color contra su gobierno, lo cual se permite apreciar en la simultaneidad entre la guerra en curso con las intensas protestas contra ICE y el movimiento “No Kings”. De la misma forma, Israel bien puede iniciar un ataque de falsa bandera contra alguna base estadounidense en Medio Oriente, contra una ciudad estadounidense, o un atentado contra el mismo Trump, al ser un tipo de operación de su especialidad.

Debe entenderse que Medio Oriente representa el corazón del mundo, la cuna de la civilización y el panteón de los imperios. Esto quiere decir que el orden mundial y la correlación de fuerzas internacionales se definirán en esta región, y las grandes potencias lo saben.

Vox Populi
Columnista

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