La geopolítica del Internet. Parte II: Multipolaridad del ciberespacio

Por:  Carlos Paredes

“El orden multipolar auspiciado por los BRICS+ se extiende también al ciberespacio, cuando países como Rusia, China o la India entienden a los datos como un nuevo recurso estratégico del siglo XXI. La construcción de infraestructura de internet nacional debe ser entendida desde esta óptica de lo que se erige como un campo de guerra no convencional”.

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Como se expuso en la parte I, diversos eventos como la pandemia de Covid-19, el regreso de Trump a la Casa Blanca, así como la invasión de Rusia a Ucrania y la guerra entre Irán e Israel, evidencian tanto el resquebrajamiento de la globalización neoliberal, como el inicio (uno muy caótico) del orden multipolar apuntalado por los BRICS+. Con estos antecedentes, ahora podemos abordar el papel de internet bajo la lógica de la desglobalización y la multipolaridad.

Esta red que trató de ser mundial sigue siendo hasta ahora otra de las formas en la que Estados Unidos mantiene su poder e influencia en muchos países, siendo que hasta 2019 aproximadamente el 23% del tráfico mundial pasaba por sus servidores, aunque esta estimación no contempla los centros de datos propiedad de Google, Microsoft, Amazon, etc. fuera de dicho país. Aún en 2016 el tráfico mundial de internet que pasaba por los servidores y cables transoceánicos estadounidenses era del 27%. Sin embargo, esta cifra es relativamente pequeña comparándola con la influencia que tenía en 2004, año en el que el país norteamericano controlaba la mitad del tráfico del contenido de internet a nivel global. En décadas anteriores su dominio era casi total, por lo que países como Rusia y China lo consideraron un peligro a su seguridad nacional y optaron por construir sus propias arquitecturas. Puede notarse así la tendencia de la desglobalización ahora desde la infraestructura de internet, cuando desde 2008, año de una importante crisis financiera mundial, se empezaron a crear cada vez más cables submarinos independientes de los Estados Unidos, con los BRICS representando una mayor inversión en infraestructura independiente.

Por lo anterior es que en países miembros de este bloque, se observan medidas como regulación del tráfico de internet, protección de datos de los usuarios respecto a empresas extranjeras, adecuación de servicios digitales a la población, la ya señalada infraestructura autónoma, entre otras, que suelen ser fustigadas por occidente y señaladas de autoritarias, retórica que obedece al esquema neoliberal de erradicación de soberanía estatal sobre cualquier cuestión que vaya más allá de lo meramente administrativo. En otras palabras, la regulación de los contenidos de internet en países como China o Rusia surge como una respuesta a la vigilancia y espionaje que aún realiza con sus aplicaciones. Sobre problemas como la censura y la falta de libertad de expresión en este tipo de países con fuertes controles sobre internet ya se ha detallado bastante por organizaciones como Amnistía Internacional, Human Rights Watch, entre otras, por lo que no profundizaremos en la dimensión ética de este tema, para concentrarnos en la estratégica.

Pero ante el surgimiento de redes nacionales, ¿corre internet el riesgo de fragmentarse? Uno de los discursos más sonados arguye que no deberían existir arquitecturas de internet nacionales porque eso conduciría a una balcanización que atenta contra la libertad de expresión, y que es mejor tener un internet global abierto. Resuena en esta aseveración el eco de la globalización neoliberal al pretender una “liberalización” o “desregulación” de los datos antes que la nacionalización de estos a modo de un nuevo recurso estratégico del siglo XXI, enfoque que le confiere mayor soberanía en este sector a cada Estado al contar con oportunidades de protegerse contra la empecinada vigilancia ejercida por Estados Unidos.

En este sentido, el concepto de “glocalización” puede brindar claridad para comprender que la existencia de arquitecturas nacionales no va a fragmentar el internet global, pero sí lo redefine al brindar mecanismos de seguridad nacional en el ciberespacio como nuevo frente de guerra. cabe mencionar que Jack Lule define por glocalización la relación dialógica entre lo global y lo local, es decir, lo global tomando forma de lo local, por lo que a partir de esta definición se puede sostener que mantener una infraestructura autónoma de internet y un ecosistema propio de aplicaciones como lo hace China puede perfectamente coexistir en paralelo a la red mundial de internet que como se ha expuesto, está bajo un geoestratégico control – decreciente – estadounidense.

De esta manera, es oportuno indagar sobre el Internet como espacio estratégico bajo la óptica de los países de los BRICS, que están reconfigurando el ciberespacio.

Soberanía digital y soberanía de datos

En 2011 Rusia, China, Tayikistán y Uzbekistán presentaron ante la Asamblea General de la ONU una propuesta para crear un “Código internacional de conducta para la seguridad de la información” con la que reclamaban la jurisdicción de los Estados en “cuestiones públicas relacionadas con internet”, donde destaca el derecho “a proteger su espacio de información y su infraestructura de información crítica de amenazas, perturbaciones, ataques y sabotajes”. Debido a las filtraciones de Snowden sobre el ciberespionaje de la NSA, en 2013 Brasil y Alemania también presentaron una resolución llamada “El derecho a la privacidad en la era digital” donde se habla de la privacidad como un derecho humano que debe hacerse valer por los Estados. Este panorama parecía ser la antesala a la creación del cable BRICS, un proyecto de 2012 de un internet que conectaría exclusivamente a este grupo de países, pero no se consolidó entre otros factores por lo costosa que resultaba su construcción.

A pesar de ello, la mayoría de los países de los BRICS ya velaba por su soberanía digital y su soberanía de datos por cuenta propia. De acuerdo con Polatin-Reuben la soberanía de datos se refiere al control estatal del flujo de datos que entran o salen de la infraestructura nacional de internet de cada país, mientras que según Aynne Kokas soberanía digital es un concepto más amplio al referirse al control por parte de un país a la infraestructura, tecnología y datos nacionales digitales. A partir de lo anterior, se puede examinar qué países de los BRICS tienen muy en cuenta estos conceptos y cuáles no cuentan con ningún tipo de control sobre las empresas trasnacionales digitales, sin dejar de lado los casos donde se mantienen férreos grilletes sobre internet, llegando a la censura y demás formas de atentar contra la libertad de expresión. De esta manera, es posible entender distintos grados de soberanía en el ciberespacio que no impiden la existencia del Internet global.

China sin duda alguna es el mayor ejemplo de un Estado que antepone la soberanía digital por encima incluso de derechos como la libertad de expresión con su Proyecto Escudo Dorado (comúnmente conocido como “el Gran Cortafuegos”), con el cual puede censurar y filtrar contenido en internet. Con este proyecto el gobierno chino ha vetado las aplicaciones de las principales empresas tecnológicas de Silicon Valley en casi toda China debido a que se consideran acertadamente como Caballos de Troya del espionaje de la NSA. No obstante, desde hace una década China ha tenido la intención de crear un Internet global que tenga como punto de partida cada red de Internet nacional, lo que se traduce en un internet multipolar que refleja las tendencias geopolíticas a las que se dirige el mundo. Por otra parte, el ecosistema digital propio de China le da el beneficio exclusivo de explotar todos los datos que se generan en su territorio, tanto para análisis, tareas de inteligencia, pero sobre todo para entrenar a sus algoritmos de inteligencia artificial, tanto del gobierno como de sus principales oligopolios digitales: Baidu, Alibaba y Tencent (BAT). Por el volumen de datos generados en el gigante asiático como en ninguna otra parte del mundo, Kai Fu Lee ha comparado a China como la nueva Arabia Saudita de los datos, una afirmación que corrobora el papel fundamental de los datos como un nuevo recurso estratégico como lo mencionamos más arriba, y que es el verdadero sentido de la nacionalización del internet.

Rusia de la misma manera, mantiene soberanía en el ciberespacio mediante su red nacional de internet conocida como Runet y su Ley de Internet Soberana de 2019. Desde la óptica rusa, Runet es necesaria para evitar convertirse en una “colonia digital” de las superpotencias de la IA (Lee dixit) que son Estados Unidos y China, por lo que el gobierno ruso no oculta que puede llegar a limitar las libertades de sus ciudadanos en internet para velar por su soberanía digital. Dados los numerosos intentos de desestabilización política que Estados Unidos ha cometido contra Moscú, se entiende que “la principal preocupación de Rusia es el control político de la información dentro de sus fronteras nacionales”. Al igual que Beijing, Moscú, aunque no al mismo nivel cuenta con su propio ecosistema de aplicaciones dominantes en su territorio, destacando Vkontakte (Vk), Yandex y Mail.ru. Aplicaciones como Facebook o LinkedIn se encuentran bloqueadas por su gobierno ya que las considera intrusivas y propagandísticas.

En 2021 la India se sumó a la adopción de políticas que velan por la soberanía de los datos de sus ciudadanos, más que buscar una soberanía digital general con medidas tan rígidas como las de Rusia y China. Hace pocos años, las empresas tecnológicas de la India han solicitado a su gobierno que localice los datos, a lo que Modi ha respondido con la creación de una infraestructura nacional de internet y ordenando a MasterCard, Visa, American Express, y demás empresas enfocadas en pagos que almacenaran los datos de la población de la India en servidores locales. Con esto, se convierte en el tercer país de los BRICS en iniciar su camino de protección de los datos como bien estratégico desde una perspectiva que permite la coexistencia con el internet global al tiempo que consigue asegurar sus intereses nacionales en este sector.

Aun así, la India junto a Brasil y Sudáfrica son más dependientes de los oligopolios digitales estadounidenses al momento de mostrarse menos capaces de desarrollar una infraestructura tan sofisticada como la de Rusia y China, siendo países en donde siguen dominando los gigantes tecnológicos de Silicon Valley conocidos como FAANG (Facebook que hoy es Meta, Apple, Amazon, Netflix y Google o Alphabet). Puede observarse la existencia de un nuevo telón de acero tecnológico en las guerras frías de Internet (Jalife-Rahme dixit) entre las aplicaciones de occidente encabezadas por FAANG contra las aplicaciones de los BRICS cristalizadas en BAT. Examinar a detalle las tensiones entre Silicon Valley y Shenzhen, o la vigilancia ilegal del Mossad/NSA en colusión con empresas israelíes desarrolladoras de spyware como Narus, NSO Group, Verint, Candirú, etc. excedería el objeto de este texto, pero sí es plausible examinar que el Internet satelital no hace más que reafirmar tanto las guerras frías de internet como la desglobalización/multipolaridad de la información.

Starlink y la aceleración de la multipolaridad del ciberespacio

Después de los sabotajes a los gasoductos Nord Stream 1 y 2 en el contexto de la guerra ruso-ucraniana, surgió la preocupación de que se cometieran atentados contra los cables submarinos que proveen Internet a Europa, y aunque nunca se vieron comprometidos esos cables, Ucrania sí sufrió ataques a su infraestructura de electricidad y de telecomunicaciones como parte de la “operación militar especial” de Rusia. Es así como Starlink comenzó a brindar Internet satelital a Kiev para mantener comunicada a la sociedad y que servicios públicos y del gobierno siguieran en funcionamiento, aunque poco a poco se comenzó a utilizar para fines militares. Esto provocó que Moscú considerara los satélites de Starlink como un objetivo legítimo y comenzara a interferirlos, por lo que en septiembre de 2023 Musk se negó a extender su servicio hacia territorio controlado por Rusia como una forma de tratar de evitar este tipo de ataques.

Lo anterior sirve para entender que la lógica de la soberanía digital de Rusia prevalece ante el internet satelital, y el aumento del desarrollo de sistemas para interferir señales satelitales. Las terminales y satélites de Starlink fueron en efecto intervenidas cuando Moscú anunció la creación del sistema Borschevik en 2023 para determinar sus ubicaciones y evitar la comunicación entre los cuarteles y militares ucranianos en campo de batalla. De la misma forma, este año se anunció el lanzamiento de los sistemas Kalinka y Tobol a los que se denominaron “asesinos de Starlink”, lo que pone de relieve una vez más la dimensión militar de internet y el inicio de nuevas formas de guerra, en este caso, guerra radioelectrónica.

A este intento ruso de contrarrestar la influencia de los satélites de Musk en la guerra de Ucrania se suma la iniciativa china de lanzar su propio programa de Internet satelital conocido como Guowang. China percibe los satélites de Starlink como una amenaza a su seguridad nacional por su potencial uso para espionaje y analiza cómo hacerles frente en caso de guerra. Las preocupaciones de China cuentan con fundamento al momento en que una vez más empresas privadas colaboran con el gobierno estadounidense mediante el proyecto Starshield que puede constituir otro de los intentos de Estados Unidos de mantener una hipervigilancia mundial mediante internet.

Los intentos tanto de Rusia como de China de limitar el alcance del internet (tanto por cables submarinos como satelital) de empresas estadounidenses reflejan que los BRICS se mantendrán en línea hacia la jurisdicción del ciberespacio bajo políticas nacionales en respuesta a la vigilancia de agencias estadounidenses, resaltando también la importancia de la localización/nacionalización de los datos. En cuanto a temas como la libertad de expresión en línea, la pluralidad de medios de comunicación para prevenir la censura, la lucha contra los sesgos algorítmicos de redes sociales o la misma vigilancia mediante internet no ya por Estados Unidos, sino por parte de cada Estado con una red nacional, son algunos de los dilemas que se siguen presentando.

Vox Populi
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