Por Laura Rojo Medrano
Está por llegar el día en que las calles tiemblan, cargadas de coraje, exigencias,tristeza, pero también de amor y sororidad. Es el momento en que las mujeres nos levantamos para recordarle al mundo nuestra lucha. Una lucha que no se limita a un solo día al año, sino que es un reto diario que cada una de nosotras vive en nuestra cotidianidad.
El 8 de marzo es significativo para todas nosotras. Nos acuerpamos ante cada amenaza y gritamos por justicia, tanto por las que estamos como por las que nos arrebataron.
Es un sentimiento que no se puede describir con palabras. Abrazamos, reímos, lloramos. Pero en cada manifestación, siempre habrá alguien que te escuche con amor y comprensión, porque no hay nada más radical que le incomode profundamente al patriarcado como el amor entre morras.

Así lo mostramos, con las manos empuñadas y pañuelos que simbolizan la libertad de nuestras vidas. Un sentimiento común que revoluciona nuestra historia, la misma que ha tratado de convencernos de que somos figuras secundarias en el mundo. Pero siempre hemos sido protagonistas, desafiando con nuestra rebeldía y luchando por los espacios que nos corresponden.
Hoy es un día para reflexionar sobre lo que significa ser mujer. Amamos ser mujeres, amamos menstruar, porque resignificar nuestra menstruación es también ir en contra del patriarcado, que intentó hacernos sentir vergüenza y asco. Nos querían hacer creer que el mayor problema de una mujer era su ciclo menstrual, que nos volvía “histéricas”, pero ser radical es menstruar. Es nuestra sangre, es nuestra vitalidad. Tenemos que reconciliarnos y sanar esos tabúes que la sociedad intentó imponernos.
Este día es para recordar que nadie tiene poder sobre nuestras decisiones, nuestros sueños, nuestras ambiciones ni nuestro cuerpo. Años de lucha nos han hecho imparables. Luchamos hasta el día en que podamos salir a las calles sin miedo, cuando sepamos que llegaremos sanas y salvas a casa, sin acoso ni hostigamiento, cuando haya un castigo justo para cada abusador, violador y feminicida.
Este 8 de marzo levantamos la voz por nuestras madres, tías y abuelas que no pudieron, pero que ahora resisten y luchan.
Nos movemos para ver sonreír a las niñas, para apoyar a las madres y las que no serán. Luchamos junto a nuestras hermanas, abuelas, mujeres trans, indígenas y migrantes. En cada voz resuena una soñadora, en cada grito hay una radical, y en cada paso nos hacemos más rebeldes. Porque la rabia y la lucha siempre formarán parte de nosotras.
Por ello, te invitamos a unirte este sábado a la marcha del 8M 2025, que iniciará en Palacio de Gobierno de Sinaloa a las 10:00 AM. Es nuestro momento de tomar las calles y visibilizarnos. Además que estarán morritas increíbles brindando contención emocional y si es necesario paramédicas, bazar y se recibirán donativos para la gestión menstrual.
Ni frías, ni tibias, somos puro fuego.


