Cuando la tragedia no se vuelve viral, parece no existir

Por Mariana Duarte.

Vivimos en una época donde la información viaja más rápido que nunca, pero paradójicamente también vivimos en una sociedad donde la atención pública dura cada vez menos.

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Todos los días aparecen nuevas problemáticas sociales y ambientales en México, pero solo unas cuantas logran mantenerse en la conversación colectiva. Muchas veces pareciera que para que algo importe primero tiene que volverse viral, generar controversia suficiente o convertirse en tendencia durante algunos días. Lo preocupante es que, mientras la atención mediática cambia constantemente de dirección, los problemas reales continúan existiendo incluso cuando dejan de aparecer en nuestras pantallas.

Por eso considero que las acciones colectivas digitales, como firmar peticiones en plataformas como change.org ,sí tienen un valor importante dentro de la participación ciudadana actual. No porque una firma por sí sola resuelva un conflicto ambiental o detenga proyectos dañinos de inmediato, sino porque ayudan a construir presión social, visibilidad y conversación pública.

En un contexto donde muchas autoridades reaccionan únicamente cuando existe suficiente ruido mediático, la organización ciudadana se vuelve una herramienta necesaria. change.org Un ejemplo muy claro fue lo sucedido en Mahahual, Quintana Roo.

Lo que comenzó como una preocupación local sobre proyectos que amenazan arrecifes, ecosistemas marinos y el equilibrio ambiental de la región terminó convirtiéndose en una conversación nacional gracias a la difusión masiva en redes sociales. Personas de distintas partes del país comenzaron a compartir información, hablar del tema y firmar peticiones para exigir protección ambiental.

Y aunque muchas veces se critica el “activismo digital”, casos como este demuestran que la presión colectiva sí puede generar impacto, especialmente cuando logra obligar a medios, empresas y autoridades a prestar atención. Sin embargo, también deja al descubierto algo bastante preocupante: ¿por qué ciertas causas solo reciben atención cuando se vuelven mediáticas? México está lleno de conflictos ambientales que llevan años afectando comunidades enteras sin recibir la misma visibilidad. La diferencia es que algunos logran convertirse en tendencia y otros permanecen prácticamente invisibles.

Ahí están, por ejemplo, los canales de Xochimilco, uno de los espacios naturales y culturales más importantes del país, enfrentando contaminación, deterioro ambiental y abandono institucional. Playa Las Cocinas, en Nayarit, donde existen preocupaciones relacionadas con la conservación de ecosistemas costeros y especies como las tortugas marinas. También está la situación en Loreto y el Golfo de California, regiones fundamentales por su biodiversidad marina, constantemente amenazadas por intereses económicos, contaminación y explotación desmedida.

Existen además luchas que rara vez llegan a los titulares nacionales: la defensa de la Sierra de La Laguna en Baja California Sur; las denuncias por saqueo de tortugas; los derrames de petróleo en el Golfo; o las preocupaciones ambientales en lugares como Ixil, Yucatán, Bahía de Ohuira en Sinaloa y Tepoztlán. Son problemáticas que afectan ecosistemas completos, comunidades locales y patrimonio natural invaluable, pero muchas veces no generan suficiente conversación porque no producen el mismo impacto inmediato en redes sociales.

Y justamente ahí creo que existe una de las mayores fallas de nuestra dinámica mediática actual: la sociedad se ha acostumbrado a reaccionar únicamente frente a lo viral. El interés colectivo suele ser momentáneo, acelerado y condicionado por algoritmos. Hoy una causa ocupa todas las historias de Instagram y mañana es reemplazada por otra noticia, otro escándalo o una nueva tendencia. Mientras tanto, las comunidades afectadas siguen enfrentando las mismas problemáticas incluso cuando la atención pública desaparece.

También resulta contradictorio que muchas personas minimicen acciones como compartir información o firmar peticiones digitales, cuando en realidad gran parte de la presión social contemporánea nace precisamente de ahí. Las redes sociales han cambiado la forma en la que las personas se organizan, denuncian y exigen rendición de cuentas. Antes, muchas luchas permanecían completamente aisladas; hoy existe la posibilidad de amplificarlas y conectar a ciudadanos de distintas partes del país alrededor de una misma causa.

Por supuesto, el activismo digital no es suficiente por sí solo. Firmar una petición no reemplaza políticas públicas efectivas, regulación ambiental o acciones gubernamentales reales. Pero sí ayuda a visibilizar problemáticas que de otro modo podrían permanecer ignoradas. Y en un país donde frecuentemente se intenta invisibilizar conflictos ambientales hasta que resulta imposible ocultarlos, generar conversación pública ya representa una forma importante de resistencia.

Creo que la acción colectiva tiene valor precisamente porque rompe con la indiferencia. Nos recuerda que los problemas ambientales no desaparecen solo porque dejan de ser tendencia y que la defensa del territorio, de los ecosistemas y de las comunidades no debería depender del nivel de viralidad que alcance una publicación. Hay causas que merecen atención simplemente porque existen, porque afectan vidas reales y porque el silencio social también termina siendo una forma de complicidad.

Tal vez el verdadero reto no sea únicamente hacer ruido en redes, sino aprender a sostener la conversación incluso cuando el tema deja de estar “de moda”. Porque mientras la atención pública sea tan efímera, muchas luchas seguirán.

Mariana Duarte Rodríguez
Columnista
Mariana Duarte Rodríguez es estudiante de Relaciones Internacionales en la Universidad de las Américas Puebla, promotora internacional de la Agenda 2030 y activista juvenil con experiencia en liderazgo, sostenibilidad y participación ciudadana. Ha representado a México en foros nacionales e internacionales sobre juventudes y desarrollo sostenible, además de colaborar con organizaciones enfocadas en incidencia social y ambiental. Forma parte de iniciativas de comunicación, liderazgo juvenil y acción climática, impulsando proyectos orientados a la construcción de sociedades más inclusivas, sostenibles y participativas desde una perspectiva internacional y humanista.

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