ALFREDO INZUNZA ARCE

La ofensiva de Trump contra la Reserva Federal y el riesgo para la credibilidad monetaria.

Por Alfredo Inzunza

La Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) fue creada en 1913 mediante el Federal Reserve Act, una ley diseñada explícitamente para dotar al país de un banco central independiente del poder político directo, el objetivo era claro: evitar que la política monetaria quedara subordinada a los ciclos electorales o a las presiones del Ejecutivo, por ello, aunque la Fed forma parte del entramado institucional del Estado estadounidense, no responde jerárquicamente a la Casa Blanca, ni sus decisiones requieren aprobación presidencial, su estructura, compuesta por una Junta de Gobernadores con mandatos largos y escalonados, busca garantizar continuidad, estabilidad y credibilidad.

La función de la Reserva Federal es múltiple pero clara: conducir la política monetaria, promover la estabilidad de precios, favorecer el máximo empleo, regular el sistema bancario y preservar la estabilidad financiera, a través del control de la tasa de interés de referencia, la gestión de liquidez, etc; la Fed influye directamente en el costo del crédito, la inversión, el consumo y el comportamiento de los mercados de capitales.

Ese equilibrio institucional es el que hoy se encuentra bajo presión.

El domingo 11 de enero, el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, denunció que el banco central había recibido citaciones de un gran jurado del Departamento de Justicia, bajo la amenaza de una posible acusación penal, en una declaración pública, Powell afirmó que dichas citaciones, formalmente ligadas a su testimonio ante el Congreso sobre la renovación de la sede de la Fed, deben entenderse en un contexto más amplio: la presión sostenida de la administración de Donald Trump sobre la política monetaria.

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Powell sostuvo que la amenaza de cargos criminales es una consecuencia directa de que la Reserva Federal ha fijado las tasas de interés con base en su evaluación de la inflación, el empleo y las condiciones financieras, y no conforme a las preferencias del presidente, en términos financieros, el mensaje es contundente: el conflicto no gira en torno a un proyecto inmobiliario, sino a quién controla el ancla monetaria de la economía más grande del mundo.

La confrontación entre Trump y Powell no es nueva, desde su primer mandato, Trump ha criticado reiteradamente a la Fed por mantener tasas de interés que considera demasiado elevadas, presionando por recortes más agresivos para estimular el crecimiento, en meses recientes, incluso intentó destituir a la gobernadora Lisa Cook, una maniobra extraordinaria que será revisada por la Corte Suprema, estos episodios han alimentado la percepción de un choque estructural entre el poder político y la autoridad monetaria.

En diciembre, la Reserva Federal redujo su tasa de referencia a un rango de 3.5%-3.75%, el tercer recorte consecutivo tras un prolongado periodo de estabilidad durante 2025, sin embargo, los responsables de política monetaria han señalado que no existe prisa por continuar con los recortes hasta contar con mayor claridad sobre la trayectoria de la inflación subyacente y la fortaleza del mercado laboral, los mercados de futuros asignan una probabilidad mínima a nuevos movimientos en la reunión del 27 y 28 de enero, reflejando expectativas de cautela monetaria.

En este entorno, el futuro de Powell se ha convertido en un factor de incertidumbre adicional, su mandato como presidente de la Fed expira en mayo, aunque su asiento en la Junta de Gobernadores se extiende hasta 2028, Trump ha afirmado que ya eligió a su sucesor, sin hacerlo aún público, y entre los nombres que circulan destaca Kevin Hassett, director del Consejo Económico Nacional, no obstante, el proceso de confirmación enfrenta resistencias políticas significativas.

El senador republicano Thom Tillis, miembro del Comité Bancario del Senado, anunció que bloqueará cualquier confirmación relacionada con la Reserva Federal hasta que se resuelva plenamente el proceso legal en curso, para Tillis, lo que está en juego no es sólo la independencia de la Fed, sino también la credibilidad del Departamento de Justicia, un elemento clave para la estabilidad institucional y la confianza de los mercados.

El trasfondo inmediato de la investigación es la renovación de los edificios históricos de la Reserva Federal, cuyos costos estimados aumentaron de 1,900 millones de dólares en 2023 a 2,500 millones en 2025, Powell ha rechazado las acusaciones de extravagancia y ha señalado que los planes del proyecto se ajustaron con el tiempo, sin embargo, figuras clave de la administración han sugerido que el testimonio del presidente de la Fed podría constituir causa legal para su destitución.

Aquí emerge el punto jurídico central, ya que la ley que creó la Reserva Federal establece que los gobernadores sólo pueden ser removidos por causa justificada, entendida como negligencia grave, ineficiencia o malversación, la discrepancia sobre la política monetaria no cumple ese umbral, forzar esa interpretación sentaría un precedente con implicaciones profundas para la autonomía del banco central.

La preocupación no se limita al interior de la Reserva Federal, Janet Yellen, ex presidenta del banco central y ex secretaria del tesoro estadounidense, advirtió que la investigación contra Jerome Powell resulta “extremadamente preocupante” para la independencia de la Fed, subrayando que los mercados financieros deberían tomar nota de esta señal, su advertencia no es retórica: la credibilidad de la política monetaria descansa en la percepción de autonomía frente al poder político, y cualquier indicio de interferencia erosiona la confianza de inversionistas, con efectos que trascienden las fronteras de Estados Unidos y se reflejan en los mercados globales.

En última instancia, este episodio trasciende a Jerome Powell, se trata de una prueba de resistencia para el marco institucional estadounidense y para la credibilidad de su política económica, la independencia de la Reserva Federal es uno de los principales activos financieros de Estados Unidos, ponerla en entredicho no sólo afecta las tasas de interés o los mercados bursátiles: afecta la confianza global en el dólar, en los bonos del Tesoro y en la estabilidad del sistema financiero internacional.

Lo que hoy se debate no es un conflicto administrativo, sino el límite entre la política y la técnica en la conducción de la economía, y ese límite es observado de cerca por inversionistas, aliados y competidores por igual.

Si Donald Trump decide colocar a Kevin Hassett al frente de la Reserva Federal a partir de mayo de 2026, la discusión dejará de ser exclusivamente técnica para convertirse en una prueba política de primer orden, más allá de las credenciales académicas del posible sucesor de Jerome Powell, el mensaje implícito sería inequívoco: la política monetaria dejaría de percibirse como un contrapeso institucional para acercarse, peligrosamente, al ciclo electoral y a las prioridades del Ejecutivo, los mercados podrían celebrar, en un primer momento, la promesa de tasas más bajas y liquidez abundante; sin embargo, la historia sugiere que el costo de una Reserva Federal subordinada se paga con inflación, pérdida de credibilidad y mayor volatilidad financiera, en última instancia, el verdadero riesgo no sería Hassett, sino la normalización de una Fed menos independiente, un precedente que Estados Unidos difícilmente puede permitirse.


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